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sábado, 4 de agosto de 2018

Caligrama: Soy este ser.



Quién lee mis versos
conocerá todos mis secretos     Podrá
en cada vocal
desnudarme hasta mis debiles huesos,
y las sombras de todas mis historias
aprendera de buena memoria.

Una cabeza loca
narrando;
desde el dolor ando,
desde letras palpando
contando
mí legítima identidad.

Quién llega a mis versos,
me sabe
con mí sabor
verdadero.
Con mis miedos
conjugo los
verbos
Amar
Vivir
Morir
Ser?

Amor que amo
aunque mis ojos
terminen en llanto
por cada verso
contado/soñado.

Soy este ser.

Y si por cosas del azar no me ve, sepa que
algo mío, muy mío
quedará
en Usted.
Flotando
a su merced,
tómelo, no sea tan cruel.

Ahora tomé todo ésto y sople...
Que necesito un par de alas al viento, ser todos los besos al cielo.


Haiku: Árbol

I
Árbol seco soy,
frondosa en el viento
desnuda de voz.

II
Soy árbol seco:
Paisaje incorrecto
de tus anhelos.

III
El seco árbol
por los enamorados 
apuntillado.

IV
Rama del árbol:
El juguete del amo,
amor sesgado.

V
La luz llegará
bañandome la piel,
créeme lo sé.

VI
Y floreceré
frondosa en el viento,
te olvidaré.


miércoles, 20 de junio de 2018

Neblina







Solía sentarse en el techo de su casa, cuando las noches más frías comenzaban a golpear el barrio. Desde allí y aprovechando la neblina, fumaba a escondidas del mundo. Para entonces habrá tenido unos quince o dieciséis años y ya conocía el amor pero, más aún, el fraude del amor.
Recuerdo una vez, que con voz bélica, me dijo “éste pueblo me va a tener por lo que hablan de mí. Quién soy yo para contradecirlos?”. Esa vez vi su mirada dolida, como si su propia imagen se fuera ocultando tras los matices verdosos y amarillos de sus ojos.
Y lo hizo. Claro que lo hizo!. Fue todo aquello que el pueblo decía. Desde cada boca salía una historia y ella cumplía su protagónico a la perfección, tanto así que más de un autor se sorprendió por la veracidad de lo que había dicho. A veces llegué a pensar que allá arriba, sobre el techo frío y rodeada por la neblina, ella escribía su propia historia utilizando el humo de sus cigarrillos como tinta.
Nunca llegué a preguntarle si era feliz. Creo que como todos, yo tampoco tenía ganas de escuchar su verdadera historia. Algunas veces la escuché llorar desgarradamente, sabía que era ella por su tos, siempre tosía como si su pecho se cerraba. Mí madre decía que eso era por el cigarrillo, pero yo creo que era su dolor hecho metástasis, negándose a dejarla.
Con el tiempo aprendió a no hablar, para qué hablar si ya todos decían hasta lo que ella seguramente pensaba. Se manejaba con muecas y movimientos de su cabeza o sus extremidades; pobrecita! Ahora que lo pienso, la siento.
Los primeros recuerdos que tengo de ella son los de una niña sonriente pero solitaria. Los últimos recuerdos que tengo de ella, son los de una adolescente gris casi transparente… neblina.
Yo mucho no sabía de ella, casi como el resto del pueblo, me manejaba por lo que se decía. De niñas era otra historia, otro mundo, otros lenguajes; recuerdo que su padre era su todo y que le gustaba jugar a ser súper poderosa, aunque sus poderes siempre variaban, ella era súper indestructible. Nos divertíamos! Si, de niñas nos divertíamos. Cuando fuimos creciendo, creo que la mirada del pueblo decidió por encima de nuestros juegos, quiero decir que elegí alejarme porque a ella la miraban raro, creo que le tenían miedo y yo también, desde algún aspecto, empecé a temerle. Y tanto fue creciendo ese miedo, mío y social, que ella empezó a vagar y tras el paso de los años se fue disipando… como la neblina, tan igual a la neblina.

Hoy, prendí un cigarrillo en plena madrugada. Estaba sentada en un sector oscuro del patio de mí casa, no sé si fue una ilusión, pero un manto espeso de neblina cayó sobre mí cuerpo. Sentí su peso, su humedad, su aroma entre frío y restos de ramas rotas o hojas abolladas como envoltorio de alguna golosina. Y la recordé.
Pude ver a los monstruosos demonios que la acechaban. Pude sentir el pánico mientras el corazón me dolía, la respiración se me hacía afilada dentro de mí cuerpo cortándome por dentro para que brote aún más miedo y me ahogue en cada segundo. Pude sentir que dejaba mí cuerpo, que mí carne y huesos se hacían pesados y mí existencia era un vapor, un suspiro que se resbalaba de mí misma y me dejaba, de a poco, yo me despegaba de la carne, o me alejaba. Cerré los ojos y había aún más miedo y dolor dentro. Los abrí, traté de moverme, pero solo pude abrazar mis rodillas y en posición fetal comencé a llorar, con tal dolor, con tal desgarro, con tantos años callados… que me encontré.
Y ahora, hoy, quizás mañana y espero que siempre, no me voy a dejar vagando hasta desaparecer. No voy a mirar para otro lado cuando todos mis monstruos aparezcan rechinando sus viejas historias para asustarme las nuevas. No. No, claro que no. Esta vez los voy a ver desde donde fui hace tanto tiempo, sé que tras esos tantos brazos que solo existían para descuartizarme, hay unas dedos que señalan algo. Sé que si me fijo bien, podré ver unos rostros cansados de perseguirme en vano. Al menos debería reconocerles el sacrificio e invitarlos a pasar, aunque mañana de nuevo pueda llegar a fallarles.
Creo que sí los miro con mis ojos, detrás de los tonos verdosos y amarillos, volveré a aparecer sonriendo, sintiendo algún que otro súper poder para entender el dialecto “miedos” y seguir lo que hacía atrás señalan para leer hacia dónde (adelante) debo ir.



viernes, 15 de junio de 2018

Infierno

Un pasillo ubicado como altillo.
Unas paredes golpeadas por el humo acumulado de noches desveladas. Un fantasma.
Un lado todos los lados.
Ramas que van hacia la profundidad de la tierra.
Espinas en las huellas, barro de cenizas y llanto.
Y a lo alto aquello que es lo más bajo.
Y abajo lo incierto dolidamente descubierto.

Rastros de vuelos en forma de arañazos van dibujando palabras que no sé traducir. Hay un ojo y una boca que sangra,
Y ese fantasma que se asusta de mí.
Ese olor, ese hedor que hiere la memoria,
la que brota
desborda
de mis ojos cerrados, apretados, sellados… ignorados.

El tacto de mis dedos toca en la oscuridad el aleteo de alas rotas, ese viento casi grito suspirado, me recorre los poros, anida en mis heridas, supura la esperanza y me deja adormecida.
Mis labios tiemblan tú nombre. Todos tus nombres. Mis pies se hunden en mí pecho buscando tú camino, ahí donde dicen no hay olvido. Y ya no recuerdo,
con mis pies voy metiendo todo mí cuerpo y no te encuentro. Me ahogo en ese silencio, respiro tu ausencia me corto con ella,

El pasillo es estrecho.
Me duelen los huesos mientras me quiebro. Rota el alma roto el tiempo, avanzo con titubeos.
Amanezco, siendo un nudo de añoranzas cubierto por tu falta. Y mis labios tiemblan todos tus nombres, mis uñas rasguñan las paredes, las ramas tragan mis lágrimas, el hedor es aroma que me pega el alma. Y tu voz sigue ahí, a tres pasos de mí pero hoy ya no puedo seguir.



https://youtu.be/kYlKNOH1PNM

sábado, 7 de octubre de 2017

Barrilete





Hace tiempo que ando

Vagando
Recorriendo anzuelos lanzados al cielo
Esperando pescar esos sueños
Que se fueron
En el último aliento de alguna palabra
Alejada del alma por el suave viento
Del  dolor

Y aunque ando
Buscando
Removiendo viejos recuerdos
Esperando hallar suficientes momentos
Que se perdieron
En algún cajón sellado con el desprecio
Con ese valioso precio, ese  infierno
Del dolor

Hace tiempo y aunque del alma alejada ese infierno
Sé que del dolor sellado
Cobra valioso precio el amor

Cobra mi historia la ganancia del tiempo
Cobra el silencio el peso del conocimiento
Cobra mi verdad la inaudita herencia
La abundancia perfecta
Cobra sentido la búsqueda de lo perdido
Cuando comprendo que en realidad fue mío

Y mío es relativo
Es sinónimo
Es adjetivo
Es casi un delirio
Pero sobretodo es ese  mío relativo
Al amor
Del amor
Por el amor

Que: Hace tiempo que ando
Vagando
Recorriendo anzuelos lanzados al cielo
Esperando pescar esos sueños
Que se fueron
En el último aliento de alguna palabra
Alejada del alma por el suave viento
… Del  dolor por el amor.
Al amor del dolor.
Por el dolor del amor.

Busco ese mí barrilete

¿Quién lo tiene?

martes, 4 de julio de 2017



Un cimiento de rostros rotos
apilados como despojos.
De lo que fue,
de quien no pudo ser,
de aquellos que perdieron la fe.
Como una cumbre que asoma en la mirada,
que huele a mentira putrefacta,
que sabe a palabras disfrazadas,
que engaña pero se delata.

Cada careta, todas ellas
una a una, tiradas en simetría perfecta.
Y siquiera por sus grietas
llega a pasar la humedad,
siquiera un suspiro de la deidad
de un beso sincero,
de un corazón sin veneno,
ni el roce siniestro de la verdad.

Llegar al cementerio oculto
del asesino que te habita
fue tarea que me arrebató la vida,
seguí  tus pasos,
tus hechos
y al acecho me encontré dentro

Morir,
verme latir hasta la última gota,
¡dolió tanto!

Sufrir,
sentirme gritar como loca
¡dolió tanto!

Cuando pensaste que ya no lo resistiría
lo resistí… vaya ironía!
Cuando creíste que sería tu marioneta
yo te dejé el cuerpo de la tonta esa,
limpié mi cara, vestí mi arma,
corté los hilos
y saqué a mis palabras su filo

… Y accioné.

No, de nada sirvió el cuento de dejar fluir,
de liberarse para ser,
de la luz y cuanto inventan para esconderse
dentro de la miserable dolencia.
No
Yo te enfrenté.
Yo llagada me paré.
Yo te grité con coraje.
Te mostré el dolor del odio recorriéndome como sangre
y la desgracia de la desilusión siendo la llave.
El poder del ignorarte.
La gloria de salvarme.

Cumbres en tus ojos: mutiladas caretas que harán ríos de tus dichas y de otros sus penas.
Cielos abiertos en los míos: multitudes de caminos harán que todos mis ríos me lleven
a mi último destino

Ahora y siempre…  sola.