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miércoles, 20 de junio de 2018

Neblina







Solía sentarse en el techo de su casa, cuando las noches más frías comenzaban a golpear el barrio. Desde allí y aprovechando la neblina, fumaba a escondidas del mundo. Para entonces habrá tenido unos quince o dieciséis años y ya conocía el amor pero, más aún, el fraude del amor.
Recuerdo una vez, que con voz bélica, me dijo “éste pueblo me va a tener por lo que hablan de mí. Quién soy yo para contradecirlos?”. Esa vez vi su mirada dolida, como si su propia imagen se fuera ocultando tras los matices verdosos y amarillos de sus ojos.
Y lo hizo. Claro que lo hizo!. Fue todo aquello que el pueblo decía. Desde cada boca salía una historia y ella cumplía su protagónico a la perfección, tanto así que más de un autor se sorprendió por la veracidad de lo que había dicho. A veces llegué a pensar que allá arriba, sobre el techo frío y rodeada por la neblina, ella escribía su propia historia utilizando el humo de sus cigarrillos como tinta.
Nunca llegué a preguntarle si era feliz. Creo que como todos, yo tampoco tenía ganas de escuchar su verdadera historia. Algunas veces la escuché llorar desgarradamente, sabía que era ella por su tos, siempre tosía como si su pecho se cerraba. Mí madre decía que eso era por el cigarrillo, pero yo creo que era su dolor hecho metástasis, negándose a dejarla.
Con el tiempo aprendió a no hablar, para qué hablar si ya todos decían hasta lo que ella seguramente pensaba. Se manejaba con muecas y movimientos de su cabeza o sus extremidades; pobrecita! Ahora que lo pienso, la siento.
Los primeros recuerdos que tengo de ella son los de una niña sonriente pero solitaria. Los últimos recuerdos que tengo de ella, son los de una adolescente gris casi transparente… neblina.
Yo mucho no sabía de ella, casi como el resto del pueblo, me manejaba por lo que se decía. De niñas era otra historia, otro mundo, otros lenguajes; recuerdo que su padre era su todo y que le gustaba jugar a ser súper poderosa, aunque sus poderes siempre variaban, ella era súper indestructible. Nos divertíamos! Si, de niñas nos divertíamos. Cuando fuimos creciendo, creo que la mirada del pueblo decidió por encima de nuestros juegos, quiero decir que elegí alejarme porque a ella la miraban raro, creo que le tenían miedo y yo también, desde algún aspecto, empecé a temerle. Y tanto fue creciendo ese miedo, mío y social, que ella empezó a vagar y tras el paso de los años se fue disipando… como la neblina, tan igual a la neblina.

Hoy, prendí un cigarrillo en plena madrugada. Estaba sentada en un sector oscuro del patio de mí casa, no sé si fue una ilusión, pero un manto espeso de neblina cayó sobre mí cuerpo. Sentí su peso, su humedad, su aroma entre frío y restos de ramas rotas o hojas abolladas como envoltorio de alguna golosina. Y la recordé.
Pude ver a los monstruosos demonios que la acechaban. Pude sentir el pánico mientras el corazón me dolía, la respiración se me hacía afilada dentro de mí cuerpo cortándome por dentro para que brote aún más miedo y me ahogue en cada segundo. Pude sentir que dejaba mí cuerpo, que mí carne y huesos se hacían pesados y mí existencia era un vapor, un suspiro que se resbalaba de mí misma y me dejaba, de a poco, yo me despegaba de la carne, o me alejaba. Cerré los ojos y había aún más miedo y dolor dentro. Los abrí, traté de moverme, pero solo pude abrazar mis rodillas y en posición fetal comencé a llorar, con tal dolor, con tal desgarro, con tantos años callados… que me encontré.
Y ahora, hoy, quizás mañana y espero que siempre, no me voy a dejar vagando hasta desaparecer. No voy a mirar para otro lado cuando todos mis monstruos aparezcan rechinando sus viejas historias para asustarme las nuevas. No. No, claro que no. Esta vez los voy a ver desde donde fui hace tanto tiempo, sé que tras esos tantos brazos que solo existían para descuartizarme, hay unas dedos que señalan algo. Sé que si me fijo bien, podré ver unos rostros cansados de perseguirme en vano. Al menos debería reconocerles el sacrificio e invitarlos a pasar, aunque mañana de nuevo pueda llegar a fallarles.
Creo que sí los miro con mis ojos, detrás de los tonos verdosos y amarillos, volveré a aparecer sonriendo, sintiendo algún que otro súper poder para entender el dialecto “miedos” y seguir lo que hacía atrás señalan para leer hacia dónde (adelante) debo ir.



viernes, 15 de junio de 2018

Infierno

Un pasillo ubicado como altillo.
Unas paredes golpeadas por el humo acumulado de noches desveladas. Un fantasma.
Un lado todos los lados.
Ramas que van hacia la profundidad de la tierra.
Espinas en las huellas, barro de cenizas y llanto.
Y a lo alto aquello que es lo más bajo.
Y abajo lo incierto dolidamente descubierto.

Rastros de vuelos en forma de arañazos van dibujando palabras que no sé traducir. Hay un ojo y una boca que sangra,
Y ese fantasma que se asusta de mí.
Ese olor, ese hedor que hiere la memoria,
la que brota
desborda
de mis ojos cerrados, apretados, sellados… ignorados.

El tacto de mis dedos toca en la oscuridad el aleteo de alas rotas, ese viento casi grito suspirado, me recorre los poros, anida en mis heridas, supura la esperanza y me deja adormecida.
Mis labios tiemblan tú nombre. Todos tus nombres. Mis pies se hunden en mí pecho buscando tú camino, ahí donde dicen no hay olvido. Y ya no recuerdo,
con mis pies voy metiendo todo mí cuerpo y no te encuentro. Me ahogo en ese silencio, respiro tu ausencia me corto con ella,

El pasillo es estrecho.
Me duelen los huesos mientras me quiebro. Rota el alma roto el tiempo, avanzo con titubeos.
Amanezco, siendo un nudo de añoranzas cubierto por tu falta. Y mis labios tiemblan todos tus nombres, mis uñas rasguñan las paredes, las ramas tragan mis lágrimas, el hedor es aroma que me pega el alma. Y tu voz sigue ahí, a tres pasos de mí pero hoy ya no puedo seguir.



https://youtu.be/kYlKNOH1PNM

sábado, 7 de octubre de 2017

Barrilete





Hace tiempo que ando

Vagando
Recorriendo anzuelos lanzados al cielo
Esperando pescar esos sueños
Que se fueron
En el último aliento de alguna palabra
Alejada del alma por el suave viento
Del  dolor

Y aunque ando
Buscando
Removiendo viejos recuerdos
Esperando hallar suficientes momentos
Que se perdieron
En algún cajón sellado con el desprecio
Con ese valioso precio, ese  infierno
Del dolor

Hace tiempo y aunque del alma alejada ese infierno
Sé que del dolor sellado
Cobra valioso precio el amor

Cobra mi historia la ganancia del tiempo
Cobra el silencio el peso del conocimiento
Cobra mi verdad la inaudita herencia
La abundancia perfecta
Cobra sentido la búsqueda de lo perdido
Cuando comprendo que en realidad fue mío

Y mío es relativo
Es sinónimo
Es adjetivo
Es casi un delirio
Pero sobretodo es ese  mío relativo
Al amor
Del amor
Por el amor

Que: Hace tiempo que ando
Vagando
Recorriendo anzuelos lanzados al cielo
Esperando pescar esos sueños
Que se fueron
En el último aliento de alguna palabra
Alejada del alma por el suave viento
… Del  dolor por el amor.
Al amor del dolor.
Por el dolor del amor.

Busco ese mí barrilete

¿Quién lo tiene?

martes, 4 de julio de 2017



Un cimiento de rostros rotos
apilados como despojos.
De lo que fue,
de quien no pudo ser,
de aquellos que perdieron la fe.
Como una cumbre que asoma en la mirada,
que huele a mentira putrefacta,
que sabe a palabras disfrazadas,
que engaña pero se delata.

Cada careta, todas ellas
una a una, tiradas en simetría perfecta.
Y siquiera por sus grietas
llega a pasar la humedad,
siquiera un suspiro de la deidad
de un beso sincero,
de un corazón sin veneno,
ni el roce siniestro de la verdad.

Llegar al cementerio oculto
del asesino que te habita
fue tarea que me arrebató la vida,
seguí  tus pasos,
tus hechos
y al acecho me encontré dentro

Morir,
verme latir hasta la última gota,
¡dolió tanto!

Sufrir,
sentirme gritar como loca
¡dolió tanto!

Cuando pensaste que ya no lo resistiría
lo resistí… vaya ironía!
Cuando creíste que sería tu marioneta
yo te dejé el cuerpo de la tonta esa,
limpié mi cara, vestí mi arma,
corté los hilos
y saqué a mis palabras su filo

… Y accioné.

No, de nada sirvió el cuento de dejar fluir,
de liberarse para ser,
de la luz y cuanto inventan para esconderse
dentro de la miserable dolencia.
No
Yo te enfrenté.
Yo llagada me paré.
Yo te grité con coraje.
Te mostré el dolor del odio recorriéndome como sangre
y la desgracia de la desilusión siendo la llave.
El poder del ignorarte.
La gloria de salvarme.

Cumbres en tus ojos: mutiladas caretas que harán ríos de tus dichas y de otros sus penas.
Cielos abiertos en los míos: multitudes de caminos harán que todos mis ríos me lleven
a mi último destino

Ahora y siempre…  sola.



jueves, 2 de febrero de 2017

Arquitecta de distancias

Cerré la puerta con tal fuerza
que la soledad, aquí dentro, se sintió presa.
Temblaron las ventanas hasta opacarse los cristales.
Y un abrazo propio cubrió las paredes hasta las rendijas,
cual  enredadera de hambrientos animales,
tibia por dentro hienas por fuera que lastiman.

Cerré el pecho-la boca-las manos
y las futuras huellas con tristeza me miraron;
se vieron como cenizas de lo que podría haber sido.
Sople con todas mis fuerzas  sobre mi nido
hasta que mi aliento se sintió forastero.
Y mis labios escribieron
sobre mis socorros
las palabras hacia mis logros.

Quise quedarme conmigo, sentada frente a frente con todos los habitantes que me inundan el ser.
Una reunión de consorcio repleta de demonios, ángeles, monstruos y algún que otro normalito silbando bajito, para pasar desapercibido en este motel.
Quise adornar el lugar con aroma a soledad, color a soledad, combinando los muebles y el polvillo con el rostro asustado de la Dama que intenta escapar pero a la que invito con un pucho y algo de vino, y la que sonríe conquistada por mis ademanes de amiga casi al suicidio.
Quise aislarme para aislarnos, hundirme para mezclarnos, tomar el veneno mientras respiro el antídoto, dejar de ver para reconocer. Quise alquilar este cuarto, por hora por años por tiempo indeterminado, dispuesto para disputar lo que sea que surja de aquí en más… conmigo y con nadie, con todos nosotros a solas, esa multitud que incomoda.

Y no habrá príncipe con musculoso ego capaz de atravesar mi propio abrazo.
Ni existe aquí doncella temerosa a la espera del rescate absurdo camuflado,
porque todos mis espacios están vacios para únicamente llenarlos conmigo.
Y ante la mirada extrañada de los que me escuchan reír mientras lloro el conocerme,
bailo y canto mi locura constructiva,
ellos me creen poseída,
intentan conquistarme para pasarmeal mundo que reconocen como real
pero entre paso y vaso esquivo esa salvación porque es una excusa justificativa que les adormece en una brutal negación.
Creer que el amor de a dos, es más natural que el que yo me enamore de esta que soy,
sigan por ahí que yo me enfrento a mi propio dragón…
Para volar por el cielo que se me antoje
sin reproches, sin mentiras, sin horarios, sin amnistías, solo mi genuina osadía.

No habrá luz que encandile mi mirada para que yo pise otro paso lejos, alejado del que me sale.
No hay cerradura ni abertura para intentar llegarme
Seré un montón de nada acumulada, tierra y rocas apiladas.
Pero dentro hacia adentro: un sinfín de caminos maravillosos y flores con aromas a bosques.
Con lagos sanadores y fauna fantástica, con duendes y hadas fornicando mientras hablan
y cruzan miradas sin tocarse
pero penetrados, tan adentro, como bajes en las cuevas que me voy conociendo.
Arquitecta de mi universo para dentro, un hormiguero que retumbe risas y llantos, anécdotas y recuerdos, mentiras verdades silencios y gritos, apuestas ganadas y mi mal humor jugando a la rayuela con la buena suerte, mi gente mis mitos.

Hay un cielo con estrellas que tienen ojos, aquellas miradas que me sostuvieron un padre; una hermana; un amor imposible; un gato; una flor; un aire que revolucionó mi cabeza; más gatos; mas amores; una lluvia ligera; una tormenta; un sol en pleno invierno; un montón de hojas secas bajo mis pies; una niebla que humedece mi sonrisa; el aroma de mi abuela; la sensación de una caricia.

Y cuando muera, si es que muero.
Y cuando no exista si es que la existencia se termina con el último latido.
Habrá un escrito que dibujará en el recuerdo de quienes me conocieron la verdadera vereda que los llevaba hacia este mundillo.
Habrá en sus ojos millones de cuadros pintados por mis locuras
y desde donde podrán encontrar la estructura total de mi soledad
tan habitada por mí como por mí misma.
Sabrán que amar para mí tuvo otro significado,
algunos refutarán mis teorías otros asentirán en silencio otros quizás y con suerte prueben su propio veneno para encontrar por fin el antídoto de la vida.
Y muchos otros lloraran y lloraran
 hablando de alguien que jamás conocieron
inventaran historias para justificar esa hipocresía que los habita
o contaran desde sus memorias
cosas que ni se acercan a lo que yo fui en vida.

Ahora entenderán
el por qué de mi soledad.
Y si existe un episteme de ego déjenme calmarlo con un beso.
Pero desde lejos…
Desde abajo…
Desde adentro…
Desde mi mejor lugar…
Desde mi verdadero lugar…
Desde todos mis demonios…
Desde la oscuridad y la luz siendo barro tierra y cuenco
Porque al alejarme no me alejo,
no por encontrarme voy a dejar de dar lo mejor de todo lo que llevo dentro.
Aunque me llague el alma, mucho de lo que fabrico como ungüento
aquí dentro
saldrá como besos, abrazos y palabras.
Aunque la erupción sea sellada…
Callada…
Tapada…
Destinada a perecer como algo que no fue.
¡No me quejo, doler hay que doler!
Morir hay que morir
para aprender a doler viviendo
y no vivir doliendo.

Mi ser se está construyendo a través
de su historia
 lo callado y lo dicho lo olvidado
Lo llorado lo reído y lo disimulado…
No me hundo para aislarme
Me construyo para que lo que decida dar
sea aun más neutral que la razón y más desquiciado que el amor.

Salud!
Al afuera y sus nefastas mascaras de apariencia
que ponen una mentira cual pared  para no ver
Salud!
Al afuera y sus caminos verbales que buscan un consolador de almas desahuciadas
que examinan desesperadas su razón de ser

No existo para completarte
mucho menos para sanarte,
existo para ser!
O no… pero es una existencia que tiene que ver conmigo;
Con mi hormiguero,
no con luces, ni destinos, ni energías, ni proverbios.
Ni frases hechas, ni absurdas justificaciones que me alejan:
Me distancian;
Me dan asco;
Me exilio de ese realismo.

¡Existo y eso es mío!





sábado, 10 de diciembre de 2016

Te vi.

Parada en la vereda de enfrente, siempre en la vereda de enfrente, te vi.
 Yo esperaba algo o alguien, ya no recuerdo; en ese momento te convertiste en mi único recuerdo.
Te vi salir y te vi entrar, te vi pasearte como espectro tras tu ventanal, te vi recorrer todas las calles de esta ciudad, te vi mojado por la lluvia corriendo y te vi sonreír por algo que no me incluía.
A tan solo unos metros pude tomarte las manos, llevarte contra la pared y sazonar tu cuerpo con mi lengua, degustar tus tatuajes, limpiar tus pecados, suavizar tus heridas, logré cierres tus ojos y abras tus pupilas. Pude secar tus lágrimas con mis besos e incite a que grites con esa voz que me eriza las noches en que te pienso.
Tuve tu fricción contra mi cuerpo, el vaivén del bendito infierno ardiendo tan adentro mío que los demonios huyeron sonrojados pidiendo asilo en el cielo.
Te inventé mil nombres, y solo respondías a “mi hombre”. Vi tus manos recorrerme, detenerme, ahondarme, socorrerme; oí tu susurro allí donde solo la piel escucha y sentí tus palabras una a una imaginadas, vestirme la mirada.
Tu sonrisa como luces de media tarde fueron cosquillas que me encendieron, tu mirada contando millones de historias vino a beberme los silencios. Supe de tu pasado pero más me miraste el presente, supe de lo que estas asqueado pero más me contaste de tu ser fuerte. Volaste y volamos, estrellándonos todos los mundos, anclando en el aire para respirar una bocanada y seguir construyendo caminos, atajos a través de nuestros muslos.
Te vi espiarme por las noches, sentí tu atención buscarme entre las sábanas, detrás de tu ventana, sobre la escalera, en el césped de tu patio en mitad de la noche y sin una luna llena. No me importó cuando leí tu afán por lo superficial, sabía que rasgando tu piel había una profundidad tan oscura y tentadora que te hacía más confiable a mi boca. No me importó cuando tu silencio se propagó por temor, porque me interesó siempre ese miedo que callabas en mi interior.


Entonces te vi,
yo parada en la vereda de enfrente
y vos ahí
sin saber todo lo que yo ya estaba diciéndote.
Entonces me miraste
tan profundamente me miraste
y no sacaste tus ojos de mi existencia.
Tan fuerte fue que se acortó la distancia
y me sentí aun mas atrapada
tanto así
que huí.
Mis ojos buscaron excusas en la tierra,
mi corazón punzaba mi cabeza,
se me quebraron los huesos,
me vestí con todos mis defectos…
Y me fui

Te dejé allí con toda mi historia
huí antes de que la realidad
te haga tan imperfecto y a mí tan común como cualquier ser que vive y muere sin sueños.
No me atrevo.
No me atrevo.
Y ahora te veo solo para esquivarte todo lo que más puedo,
 aunque en las noches yo te nombro y mi cuerpo te responde sediento.

Nunca más me miraste
Nunca más me atravesaste.

Y yo detrás de todos mis miedos
te espío, te veo, y vuelvo volvemos.


miércoles, 7 de diciembre de 2016

Tras los muros

Hubo un mundo tras los muros, siempre.
Una revolución aquí y allá,
a por traspasar
a por unificar, completar.
Matar lo inerte… y verme.


Hubo que escalar, tan profundo fue escalar.
Para llegar sin anclaje,
liberando el ultraje,
la violencia que me aturdía,
los gritos de allá llamando con mi voz y yo distraída.
El haberme traicionado
golpeándome hasta sentirme muerta,
respirando piedras sin callar mi sonrisa inquieta.


Querer saltar y sostenerme con todas mis fuerzas.
Querer volar y mirarme sujetándome a la tierra.
Querer gritar mientras mi voz se silencia con muecas.
Querer estrellarme contra mi imagen para salir de mí
y verme jugando con las heridas, tan pacífica, tan siniestra.

Hubo un muro para llegar a mi mundo… siempre.
Y tan elocuente es la vida
que teje la estrategia del tiempo para darme
la hendija perfecta, la concreta;
para que tan solo en un paso,
sin tanto esfuerzo,
sin tanto arañazos,
sienta mi mano llegando al mejor de los estados;
mientras todo eso se va extendiendo hasta los huesos
y me voy encontrando.


Todos los motivos que encontraba,
todo lo que me movilizaba,
era para atarme y mantenerme quieta.
Todo era un movimiento hacia abajo.
Tragando mí barro
putrefacto
gritando.
Mientras yo misma,
empujaba entre llantos y risas,
mi cuerpo hacia
Abajo
Abajo
tan abajo
como no existe
¿cómo fue que lo hice?
¿cómo pude destruirme?



Algo de mí se mantuvo volátil
quizá una esencia,
un aroma a letras y risas,
una carcajada que supo huirme
para salvarme

Y cuando todo desaparecía sobre mí
…Me oí reír.
Quise verme antes de lo que creí eterno
y allí estaba la entrada tan sencilla
y sin mas que solo querer, pude pasar
traspasar
unificar
completar.

Mi mundo tiene tantas aristas como palabras que aun no se han escrito,
un laberinto que no significa la quietud infinita sino el movimiento tempestuoso,
entre sacudones y vuelos calmos, entre salmos y mentiras, entre diluvios y sequías, entre todo y la nada
ahí estoy, luchando
encontrando
y por encima de todo
yo
y por debajo de todo
yo.
El multitudinario y solitario de uno mismo
solidario con mi yo,

Comprender, aceptar después de tanta profundidad, fue el paso. Sin esperar más que un movimiento diminuto que aletargue el hundimiento,
que aliviane todo mi cuerpo.
Y cabalgando contra el viento en el bravo resentimiento
que me tuve
poder, encontrarme y abrazarme
con la soledad.
Que es la multitud más confortante abrazada a mis pedazos
uniendo mis miedos a mis sueños y armando
todo aquello que se necesita:
ese uno mismo
dentro de todos los mundos,  saltando cada uno de los muros.

Jugando a la felicidad
con el dado del dolor
tan solo para avanzar.
Casilleros desordenados en un tablero que voy pintando
ese es el universo de mis mundos
pero ahora no juego contra mí misma
sino que hago de todo el caos,
un caos digno de mí
y vuelvo a apostar… a por sentir.