A penas una luz palpitante que me sorprende sobre la espesa
oscuridad de la mente,
A penas una voz que se entrecorta y deforma desde las ganas
de ser escuchada y las ganas de ser ignorada,
A penas un titubeo que me agarra todo el cuerpo, que me
sorprende la risa y me la quita,
A penas todas las toneladas de mis penas, ardiendo sobre el
próximo paso a dar,
A penas una luz pesquisa, una voz quebradiza, un temblor que
embalsama mis ganas, unas penas todas ellas que me paran. Y esta luz que
pregunta, que se instala, no se apaga.
A esa, a ésta; como a todos, pero como a ninguno, también le
cuesta.
La vida siguiendo huellas en un lodo, de algún modo es
bálsamo para no salir del pazo.
y ya te habías ido,
mí grito escrito fue solo un viento
que me deja finita
ante tu mirada perdida.
Sin aristas,
sin posibilidad al túnel de tus tactos escritos
y mis imágenes táctiles en ritos,
Suena el silbido del silencio cristalizando mis ojos.
Ya no te tengo.
Suenan mis labios temblando en mí invierno
y no están tus palabras abrigando mis desvelos.
Suena el alma cayendo.
Suena el horror en mis pensamientos y
no hay tus manos para sacarme del infierno.
Suena...
Se escucha solo mí eco,
mí silencio,
y mí soledad,
que si no estás, es veneno.
Ruego en silencio,
qué nuevamente tus palabras, cuales dedos,
corran las sabnsab y se adentre en mi cuerpo,
abriendo todos mis deseos.
Escribiendo todo lo que mis ojos leen en tus manifiestos
acortando distancias desde mis jadeos.
Esos asaltos olenantes, tan tuyos
y tan mios, internos.
Shhh, shhh...
Silencio.
Aquí a la distancia,
a kilómetro de territorios,
yo toda te espero.
Me paré.
Vencidas las heridas me puse de pié.
No soy otra, ni más fuerte, ni más sonriente;
luchar en el fondo, en el lodo
te hace otra piel pero no dejas de ser.
Me paré.
No veo otra perspectiva, ni me puse más linda
simplemente… gané.
Como si la tierra abriera sus entrañas y me vomitara; cómo si fuera el resultado de una semilla; como si yo sola me hubiera enterrado viva, para florecer… me paré.
Y caminé.
Y corrí.
Y volé.
Porque la herida es hija de que me herí.
Con el filo del pasado me abrí,
como escarbando alas en mí pecho
con el óxido del desprecio.
Frente a frente mí historia y mí presente
hacen las pases.
Dialogan sobre los personajes, fuman las palabras que escuché, carcajean mí estrés, se toman un vino miran el infinito… se sienten muy bien.
Cada paso es una huella que late en mis letras,
un bombeo palpitante que lejos de delatarme,
me secreta.
Se inscriben, firmes, en los recovecos de mí mente
A veces para saltarlas a veces para volver a pisarlas
De pie, arrodillada, hecha un nudo de huesos y alma, descalza de armas…
Me paré y seguramente volveré a caer,
con más o menos fuerza, no lo sé.
Pero no dejaré de ponerme en pie.